LA HUERTA DEL JARDAL
En la zona norte del término municipal de Conil, en Barrio Nuevo, colindante con el término de Chiclana de la frontera, se sitúa la hacienda nombrada “Huerta del Jardal”.
Es la hacienda más antigua de Conil, muy ligada a su historia, la del convento de mínimos y la casa ducal de Medina Sidonia.
En la memoria de la Fundación del Convento de la Victoria de Conil podemos leer, que los duques hicieron donación a los frailes mínimos de la talla de Ntra. Sra. de las Virtudes y de una hacienda de ciña y olivar, con su torre que llaman “El Jardal “, que el duque D- Alonso había heredado de sus padres. Era el año 1567.
Construyeron los duques en esta hacienda un esplendido palacio, que les servía de alojamiento nocturno, pues era peligroso en aquellos años pernoctar en la villa de Conil, por las muchas incursiones de moros.
La hacienda era de una extensión de 51 aranzadas plantada de olivar, viña, huerta y tierra calma para la labranza. Producía todo lo necesario para el sustento de la comunidad del convento, que entonces se componía de 24 frailes.
Durante más de 300 años fue la única propiedad privada existente desde la torre del Puerco hasta la Cañada del Taraje, terrenos todos de propiedad municipal nombrados Dehesa de Roche, de Pamplina y del Lanchar.
Ha sido a lo largo de su historia punto de referencia en todos los deslindes de Conil con Chiclana, ya que el campanario de su capilla fue tomado como mojon divisorio para ambos términos municipales como se recoge en el acta de deslinde del año 1721.
Durante la ocupación francesa fue totalmente arruinada, ocupada como cuartel por las tropas francesas que asediaban a Cádiz.
Lugar de recreo, buena tierra y buen caserío, hacían del Jardal objeto de codicia, pero al ser propiedad del convento no podía venderse.
La desamortización de Mendizábal de 1836 supuso la incautación de la hacienda por pertenecer a un convento extinguido; subastada, pasó a manos de D. Francisco Van Herch del comercio de Cádiz, quien la compró, como tantas otras, para luego venderla por mucho mayor precio.
Es el momento que aprovecha un conileño Diego Muñoz Rodríguez, apodado “El Peoro” que la compra al anterior el día 17 de Septiembre de 1851.
“El Peoro” fue todo un personaje en su época y la hacienda del Jardal aun permanece en manos de sus biznietos y tataranietos, lo que hace que nos detengamos un poco en su biografía.
Diego nació en Conil en el año de 1799, hijo de labradores, su padre José Muñoz Leal y su madre María del Carmen Rodríguez. Estos no eran pudientes y en su juventud fue Diego agricultor. Al paso de los años se dedicó al comercio del aceite, abasteciendo a la población, trayendo aceite de la sierra de Cádiz y de Málaga. Hizo fortuna, lo que le permitió casarse con M.ª Juana Sánchez Moreno, de buena familia. No heredó bienes de nadie y fruto de su trabajo y buenos negocios, amasó una considerable fortuna que le permitió disponer de gran liquidez, haciéndose con un rico patrimonio en fincas urbanas y rústicas.
Entre las urbanas merece destacar la compra que hizo al Conde de las Cinco Torres, D. José Luis Feduchy y Martín, de la casa de la Puerta de la Villa, conocida hoy por la del Peoro, la casa más grande y vistosa de aquella época, a la que se trasladó en 1851 con su mujer y sus cuatro hijas. No tuvo varones.
Triunfó en su vida, viviendo en una de las mejores casa de la población y poseyendo la hacienda del Jardal, la más emblemática en su tiempo, así como un rosario de de fincas rústicas y urbanas como: C/ Antonio Ureba 16, Herrería 5, Alta 9, 11 y 13, Gabino Aranda 9, Cádiz 4, etc.… así como la hacienda y molino de aceite de Buenavista.
El Peoro, murió en 1880 siendo D. Diego. Gracias a su patrimonio y a su buen matrimonio, casó muy bien a sus cuatro hijas, no faltaría más. A Doñas Beatriz con Pedro González Marín, juez municipal, a Doña María del Carmen con D. Juan María Alba y Román, administrador en la almadraba y a Doña Josefa con D. Aniceto Romero, natural de Grazalema y carpintero de ribera en la chanca del duque. Cuentan que Aniceto, que en realidad se llamaba Salvador Aniceto, el mismo día de su boda vendió las herramientas de carpintero cogiendo una sonada borrachera de aguardiente y no volviendo a trabajar más en su vida.
Sus herederos se dividieron en las cuatro ramas de cada una de sus cuatro hijas, más una quinta rama formada por el segundo matrimonio de su hija Francisca con su cuñado D. Pedro que había quedado también viudo de su primer matrimonio con Doña Beatriz.
Son incontables sus descendientes por haber sido muy prolíficos. Para simplificar y no extenderme mucho, este es el árbol genealógico parcial de los descendientes de D. Diego Muñoz Rodríguez hasta los biznietos, de los cuales hoy solo viven los Hnos. Encarnación, Francisco y Manuela Romero Calderón.
Francisco Gónzalez Ureba
Conil, Mayo 1998
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