
A vosotros, hombres y mujeres del campo de Conil, mi saludo más afectuoso desde estas líneas y mi deseo más sincero, de que estos días, sean para todos de la mayor alegría y convivencia familiares.
Al aproximarse estas, vuestras fiestas que han de ser como un alto en el caminar a través de todo un año de trabajos y esfuerzos constantes en el cotidiano quehacer de vuestras labores, quiero unirme a vosotros, una vez más, como el amigo que participa no solo de vuestros problemas y necesidades, sino también en la alegría de este merecido descanso.
En estos días de primavera, en los que el campo se viste con su traje de gala, como dando respuesta a esa inquietud sentida por vosotros, desde el día en que depositabais el grano de trigo en el surco abierto sobre la tierra, con la esperanza de una prometedora cosecha; en este pinar extraordinario, radiado por doquier de la Naturaleza, donde es desconocido el problema tan acuciante, en todos los países y ciudades del mundo moderno, de la contaminación atmosférica, donde nos reunimos para ofrecer el homenaje más sincero a vuestro esfuerzo y sacrificio, a vuestra labor callada y silenciosa, a vosotros, tanto labradores como ganaderos de Conil, en cuyas manos se encuentra el alimento de toda la población, vuestro reconocimiento y el deseo de que disfrutéis, dentro de la mayor armonía y paz, de unos días felices y dichosos para todos.
Os saluda vuestro Alcalde,
Marino Rodríguez Martín
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Nota Histórica sobre
Cabo Roche
San Valerio, discípulo que fue allá por el siglo VII de San Fructuoso, recopiló la vida de su maestro en un códice que se ha dado en llamar Corpus Valeriano.
San Fructuoso, varón de noble cuna, era primo del rey Sisenando, fundó en Andalucía varios monasterios. En nuestra provincia erigió tres de ellos. Uno in eadem deserti silva que habitó, junto a ochenta compañeras, Benedicta.
El padre García Villada en el mapa de monasterios que inserta en su Historia Eclesiástica sitúa a uno de ellos el de mujeres, entre Chiclana y Conil en las cercanías del actual Cabo de Roche cuya torre ilustra nuestra portada.
Por el texto valeriano se deduce que el santo tendría su morada también en esa selva desierta que sería el actual pinar.
Hasta ahora ningún vestigio arqueológico da testimonio a la suposición del Padre García Villada y otros historiadores que con él concuerdan en la interpretación del Corpus Valeriano.
Queda pues para los estudiosos e investigadores de nuestra historia provinciana encontrar afirmación más clara al testimonio literario.
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