Saluda
de la Alcaldía
Estimados vecinos y vecinas:
Como en años anteriores valgan estas líneas para desearos unos días de fiestas agradables y alegres.
La feria de El Colorado es desde hace bastantes años un lugar de encuentro de todos, pero fundamentalmente de los agricultores y vecinos del campo.
Aprovechamos estos días para disfrutar y dejar aparcados nuestros problemas cotidianos, para afrontarlos con nuevos esfuerzos y hagamos de El Colorado un lugar de alegría y convivencia, donde en compañía de familiares y amigos disfrutemos de nuestra Feria.
Un saludo de vuestro AlcaldeAntonio J. Roldán Muñoz
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«”El día 23 de marzo de 1808, entraban las tropas francesas en Madrid y el
día 2 de mayo se produjo la sublevación del pueblo madrileño. El movimiento de
insurrección se extendió por toda la geografía española y los sublevados, al
tiempo que, manifestaban su descontento por la presencia militar extranjera,
organizaron unas formas de gobierno que tendrían vigencia durante todo el siglo
XIX. Las juntas.
El 6 de junio la Junta Suprema de Sevilla declara formalmente la guerra a
los franceses. Andalucía, tras la victoria de Bailén, había quedado libre del
ejército invasor, pero a primeros de noviembre, Napoleón cruzaba el Bidasoa con
un ejército de 250000 hombres y la Junta Central se trasladaba de Aranjuez a
Sevilla el día 17 de diciembre de 1808. Las victorias francesas de Medellín y
Ocaña, abrían las puertas de Andalucía al ejército invasor. A primeros de enero
de 1810, una expedición. militar encabezada por José I, hermano del emperador
Napoleón, se dirige a la conquista sistemática de Andalucía. El mando militar
corresponderá al general Soult. En apenas quince días las tropas francesas
ocupaban toda Andalucía, salvo Cádiz.
El 24 de enero de 1810, la Junta Central se traslada de Sevilla a la Isla
de León y el 29 acuerda disolverse y nombrar un Consejo de Regencia que acabará
replegándose a la ciudad de Cádiz.
El día 5 de febrero de 1810, el ejército francés, al mando del mariscal
Víctor, llegaba a la Bahía, instalando su cuartel general en El Puerto de Santa
María y el día 7 las tropas invasoras estaban en Chiclana.
Desconocemos por la inexistencia de actas capitulares de aquella época, el
día exacto de la entrada de los franceses en Conil, que tuvo que ser sobre el 8
ó 9 de febrero, pues Alcalá de los Gazules lo fue el día 10.
El acta del día 9 de junio recoge que <al tiempo de la entrada de las
tropas en este pueblo en número crecidísimo se sufrieron destrozos y un total
abandono de todos los bienes muebles>. El Ayuntamiento, instalado entonces
en el edificio que hoy ocupa la Policía Municipal [plaza de Santa Catalina,
junto a la ermita del Jesús], fue incendiado, sufriendo importantes daños. El
convento de los frailes Mínimos de la Victoria fue suprimido y sus frailes
exclaustrados. Los bienes del duque de Medina Sidonia fueron intervenidos por
su fidelidad a Fernando VII.
En los meses posteriores, Conil quedó convertido en un campamento militar,
con las tropas francesas acuarteladas en el suprimido convento, en la Casa
Chanca, en las haciendas del Mayorazgo y Huerta del Jardal, y los mandos y
oficiales alojados en la casa del Corregidor, en la calle del Hospital número
dos.
La villa quedaba obligada a abastecer a la tropa, suspendiéndose el
comercio y las faenas agrícolas. Las quejas de los vecinos no tardaron en
elevarse al Consejo Municipal, presidido por Don Diego Crespo, denunciando
<los desórdenes que cometían las tropas, matando los ganados y atropellando
huertas y plantíos, además de muchos otros excesos>.
Dieron comienzo las requisas que continuaron durante toda la ocupación.
Primero los carro, los bueyes, caballos y asnos. Luego la paja, la cebada,
trigo y harina. Hasta tuvieron lugar requisas de sacos, imprescindibles para
transportar el grano.
Las bodegas fueron diezmadas de vino y vinagre, y aquel primer año de
ocupación apenas si hubo vendimia, ya que las uvas se las consumieron en verde.
Para atender a la tropa se habían abierto varias cantinas y ventas,
repartidas por la villa. Una de ellas instalada en la calle Chiclana número 1,
conocida por la <taberna del Infierno>, fue el lugar de celebres
algaradas y numerosas peleas, que incluso terminaban con la muerte de alguno de
los intervinientes.
Agotadas las arcas municipales, se recurrió a la venta de bienes del
municipio. Pero siendo esto insuficiente, de implantaron contribuciones
especiales a los vecinos según sus posibilidades. Esto dio lugar a una grave
malversación de los fondos y a una distribución injusta de los cargos impuestos
a los vecinos.
Las actas capitulares contienen numerosas referencias a esta situación,
expresando la angustia y miseria en que vivía la población. El día 4 de junio,
el Ayuntamiento se quejaba de <Las calamidades consiguientes a la pequeñez y
suma pobreza de este pueblo con motivo de la escasez de especies de
subsistencia>.
En esta misma acta de 4 de junio, se pone de manifiesto que los vecinos de
la villa estaban organizando una resistencia ante el enemigo, al expresar la
existencia de <atropellamiento contra tropas militares>.
Las autoridades francesas ordenaron al Ayuntamiento la organización en la
villa de la milicia cívica, compuesta por conileños, con expresión de nombres,
oficiales, sargentos, cabos y soldados, etc., haciendo responsable a la
municipalidad de la más leve omisión que resulte en la organización de la
expresada milicia.
De esta manera, hacían responsable al Ayuntamiento de la represión de estos desmanes que se cometían contra la tropa francesa, advirtiendo <la pena en que se incurrirían aquellas personas que impidieran o descuidaran a las municipalidades en la justa defensa contra los guerrilleros o cuadrillas de bandidos o insurgentes, estos serían considerados cómplices de los atentados que se cometieran y por tanto, juzgados por las Juntas Criminales>.
Hay documentación de la época que atestigua que con motivo del atentado que
sufrió un oficial francés, en el que perdió la vida, fueron arrestados 10
vecinos de la villa. Se dio orden de ejecutarlos uno a uno si no se delataba a
los autores del crimen. Una comisión municipal se dirigió a Jerez de la
Frontera, para pedir clemencia para los arrestados ante el Comisario Regio
Sotelo, ya que los detenidos eran unos infelices que nada de culpa tenían. La
suerte que pudieron correr estos vecinos es desconocida por la ausencia de
documentación que nos lo aclare.
Un caso significativo del proceder empleado con los vecinos para obligarlos
a pagar las contribuciones especiales fue el padecido por el cura Don Diego
Camelo. Sucedió que éste se negaba a pagar más dinero, pues decía que no le
quedaba ni para mantener a su anciana madre de 76 años. Lo metieron en la
cárcel por orden del corregidor Don José Moreno Pacheco. No pagaba y después de
2 días fue devuelto a su casa. Le pusieron dos soldados franceses para incordiarlo,
coaccionando con causar daños a su madre, destruir todos los enseres de la casa
y por fin la pobre anciana obligada a pedir por el vecindario reunió el dinero
que le pedían.
Don José Moreno, corregidor, hombre de agrio carácter, de proceder despótico,
insultante y retador, se hizo blanco de todas las antipatías y odios del
vecindario.
Solía emplear la siguiente frase cada vez que los vecinos acudían a él para
pedirle una rebaja en los impuestos: <Paga y calla, que si es menester hasta
las entrañas te tendremos que sacar>. Zamarreaba a cualquiera por lo más
mínimo, daba puntapié incluso a las mujeres, rompiéndole un brazo a una de
ellas al caer por las escaleras del Ayuntamiento después del empujón que le
dio.
Son muchas las anécdotas que podrían contarse, pero alargaría este artículo
en exceso.
Solamente concluir que los acontecimientos vividos por los conieños durante
los 28 meses de ocupación supusieron, sin caer en exageración, la página más
negra de toda la historia de la población. La pérdida de vidas humanas, la
ruina económica y los odios entre familias permanecieron en la memoria de los
vecinos durante años.
El día 27 de agosto de 1812, los franceses abandonaron la villa
definitivamente. En el mes de octubre se abrió un proceso contra el corregidor
Don José Moreno y todos los concejales del último año de ocupación, por
considerarlos colaboracionistas con el enemigo, autores de tropelías y excesos
con los vecinos y traidores a la nación.
Seis meses estuvieron detenidos, incomunicados, en el Hospicio de la
Misericordia, que había sido habilitado para cárcel. Al final sólo quedaron
procesado Don José Moreno, Don Antonio Borrego, Don Francisco y Don Manuel
Ramírez, Don Juan Muñoz y el Secretario Don Fernando Pantoja.
Celebrado el juicio fueron absueltos de los cargos que se les imputaban al
quedar demostrado que tuvieron que actuar obligados por las autoridades
militares francesas y que si su conductas parecieron odiosas a los vecinos,
gracias a su intervención libraron al pueblo de males mayores.
Luego se iniciaron los famosos <expedientes de purificación> contra
los que se habían destacado como afrancesados, unos con motivos, otros sin él,
pero al fin la paternal y benigna idiosincrasia de nuestro pueblo, olvidó todo,
concediendo perdones y relegando al pasado histórico aquellos trágicos sucesos.
No podríamos finalizar esta breve reseña de la ocupación francesa de Conil
sin mencionar la gran batalla librada el 11 de marzo de 1811 en el Cerro del
Puerco, en la zona comprendida entre las actuales urbanizaciones de Roche y
Novo Sancti Petri. La batalla librada por tropas españolas e inglesas aliadas
contra las francesas acantonadas en Chiclana, fue un intento de romper el
asedio a que estaba sometida la ciudad de Cádiz. El ataque anglo-español no
tuvo todos los resultados deseados por falta de coordinación entre los dos
ejércitos. En la batalla perdieron la vida 3500 soldados de ambos bandos. Todo
un desastre dado los escasos resultados obtenidos.
Por último, las Cortes de Cádiz, promulgaron la famosa Constitución liberal
de 1812 y decretaron la abolición del régimen señorial vigente en Conil desde
el siglo XIV.”»
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